Fumar un puro ha dejado de ser una actividad reservada exclusivamente para el público masculino. En la República Dominicana, cuna del tabaco premium, cada vez más mujeres se sumergen en este ritual de paciencia y aroma. Más que una tendencia, se trata de una búsqueda de placer sensorial y un reconocimiento a la maestría artesanal que envuelve a cada cigarro.
Más allá del aroma: Una experiencia sensorial femenina Para la mujer contemporánea, encender un puro representa un espacio de pausa y reflexión. El proceso de «husmear» las notas de cedro, café o chocolate en una capa bien añejada es una cata de alta sofisticación. Este acercamiento femenino ha inyectado una nueva sensibilidad a la industria, donde la mujer no solo consume, sino que también lidera en áreas de sommelier de cigarros y control de calidad.
El tabaco dominicano como símbolo de distinción La República Dominicana lidera las exportaciones mundiales de cigarros hechos a mano, y este auge ha permitido que eventos de cata y maridaje incluyan con fuerza la presencia femenina. Fumar un puro es, para muchas, un acto de libertad y disfrute estético que marida perfectamente con un buen ron añejo o un café de especialidad, elevando la experiencia a un nivel de estilo de vida premium.
La incursión de las mujeres en el mundo de los puros reafirma que el placer de un buen humo no tiene género. Es una invitación a disfrutar de la tradición tabacalera dominicana con una mirada renovada, sofisticada y profundamente apasionada por los detalles.


