
En 24 horas el fuego ha dejado de devorar terreno. Casi ni un centímetro, dicen profesionales y autoridades. Los incendios forestales que ya afectan a más de 77.000 hectáreas y arrasan la provincia de Ávila y la Comunidad de Madrid llevan siete días activos, pero están cada vez más cerca de estabilizarse. “Los estamos conteniendo”, era el último balance del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que anunciaba lo más esperado: las extenuantes labores de extinción, muy complejas porque las condiciones meteorológicas nunca han facilitado el trabajo, han logrado que las llamas no avancen. No hay ya grandes frentes descontrolados e inabarcables, sí focos puntuales donde están puestos todos los esfuerzos. La buena evolución ha permitido que decenas de miles de personas de 26 municipios ―incluido Toledo, que ya no está en emergencia nacional― vuelvan a sus casas y dejen de estar confinadas en sus pueblos. Los bomberos trabajan rápido, asegurando los puntos ya apaciguados, porque una cuarta ola de calor entra este miércoles en España y puede complicarlo todo. Cada hora es crucial.


