Aunque la República Dominicana resalta entre sus pares de la región por su estabilidad democrática, la escogencia del presidente Luis Abinader para dirigir el Partido Revolucionario Moderno (PRM) afianza la práctica de que las figuras presidenciales encabecen las organizaciones políticas durante o después de su mandato.
Poner al frente de los partidos a quienes han manejado los destinos de una nación no es nuevo, pero ha prosperado como una de las características distintivas en algunos países latinoamericanos con regímenes autoritarios, o dónde hay alta personalización de la política y permanencia prolongada en el poder de determinados líderes.
Esta tendencia se ha hecho costumbre en la cultura política dominicana, pero no predomina entre los gobiernos regionales que han optado por distinguir a los jefes de Estado de la dirección partidaria, pese a que estos tengan gran poder dentro de las agrupaciones o sean sus rostros de cara al electorado.
El Partido Revolucionario Dominicano (PRD), de la que se desprende la tolda oficialista, mantuvo una clara distinción entre los candidatos y los líderes partidarios, pero su última decisión coloca a las fuerzas mayoritarias en la misma tónica: que quien ocupe la Presidencia de la República también encabece la cúpula partidaria.
Una práctica conocida en República Dominicana
Desde su ascenso al poder en 1996, esta situación se ha hecho costumbre en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Al finalizar su primer período, en 2001, el expresidente Leonel Fernández encabezó la agrupación morada hasta su salida en 2019. Previo a esto, el presidente era el fallecido exgobernante y máximo líder de la organización, Juan Bosch.
Fernández mantuvo la presidencia de la organización durante un prolongado período y, durante sus administraciones de 2004-2012, ostentó simultáneamente el cargo de presidente del partido.
Tras la división del PLD, el exjefe de Estado se convirtió en el máximo líder de su propia organización política, Fuerza del Pueblo (FP), de la que encabezó la candidatura presidencial en los últimos dos comicios electorales (2020 y 2024) y dirige actualmente.
Tras la salida de Fernández del PLD, el dirigente Temístocles Montás (Temo) asumió como presidente interino por dos años y, posteriormente, el expresidente Danilo Medina asumió la presidencia del partido, cargo que mantiene hasta la actualidad.
Con la escogencia de Abinader el pasado domingo, las tres principales fuerzas políticas dominicanas quedarían encabezadas por figuras que han ocupado la Presidencia de la República: Abinader en el PRM, Fernández en la Fuerza del Pueblo y Medina en el PLD.
El escenario supone un cambio relevante para el partido oficialista, que desde su fundación había mantenido una estructura en la que la presidencia de la organización estaba separada de la candidatura presidencial y, posteriormente, de la jefatura del Estado.
En otros países separan los roles
La comparación con otros países latinoamericanos muestra una realidad diversa y, en varios casos, una separación más clara entre el liderazgo gubernamental y la dirección formal de los partidos.
Brasil constituye uno de los ejemplos. Luiz Inácio Lula da Silva es el presidente de la República y la principal figura electoral del Partido de los Trabajadores (PT), pero no dirige formalmente la organización.
Desde julio, la presidencia nacional del PT corresponde a Edinho Silva. Lula, fundador y principal referente histórico del movimiento, permanece en sus funciones como mandatario y como la carta de reelección.
Una situación similar se presenta en Uruguay. Yamandú Orsi gobierna bajo la bandera del Frente Amplio, pero la presidencia de esa organización corresponde a Fernando Pereira, acompañado por Verónica Piñeiro como vicepresidenta.
Argentina y Panamá: similares a RD
Argentina ofrece una configuración diferente. El presidente Javier Milei es el fundador y principal referente político de La Libertad Avanza, pero la conducción formal de la organización ha estado en manos de su hermana Karina Milei, una de las figuras de mayor influencia dentro de su proyecto político.
En la oposición argentina se produjo, en cambio, un fenómeno más cercano al que durante años se ha afianzado en República Dominicana.
La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner asumió la conducción del Partido Justicialista (PJ), principal estructura del peronismo, después de haber ocupado la Presidencia argentina y la Vicepresidencia.
Su situación partidaria, sin embargo, quedó afectada por la condena penal que incluye inhabilitación para ejercer cargos públicos, lo que abrió un debate jurídico sobre su permanencia formal al frente del PJ.
Panamá representa uno de los casos más claros de un expresidente que conserva la dirección formal de la organización que posteriormente llevó a otro dirigente al poder.
El mandatario José Raúl Mulino llegó a la Presidencia postulado por Realizando Metas (RM), partido fundado y presidido por el expresidente Ricardo Martinelli.
Martinelli continúa figurando como presidente de la organización, mientras Mulino ejerce la Presidencia de la República. Documentos de la Asamblea Nacional panameña de marzo de este año todavía identificaban al exmandatario como presidente de Realizando Metas.