Durante la menopausia, muchas mujeres experimentan síntomas que van más allá de los sofocos, siendo el hombro congelado (capsulitis adhesiva) una condición poco discutida pero incapacitante. Esta afección se caracteriza por un dolor punzante y una rigidez progresiva que limita los movimientos más sencillos, como peinarse o vestirse. Expertos señalan que los cambios hormonales, especialmente la disminución de estrógenos, pueden afectar los tejidos conectivos, aumentando el riesgo de inflamación en las articulaciones.
Reconocerlo a tiempo es vital: la condición suele avanzar en fases, comenzando con un dolor intenso que empeora por las noches, seguido de una etapa de «congelamiento» donde la movilidad desaparece casi por completo. El tratamiento temprano, que incluye fisioterapia, ejercicios específicos y, en algunos casos, terapia hormonal o antiinflamatorios, puede reducir drásticamente el tiempo de recuperación. Mantenerse activa y acudir al especialista ante las primeras molestias es la mejor defensa para proteger la salud articular en esta etapa.
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