Juan Carlos Ávila Espaillat, de 28 años, firmó un contrato para prestar servicio en las Fuerzas Armadas de Rusia. Su familia asegura que inicialmente entendió que viajaría al país para trabajar y ahora vive con incertidumbre ante la posibilidad de pasar meses sin comunicación con él.
Lo que su familia esperaba que fuera una oportunidad de trabajo terminó llevando a Juan Carlos Ávila Espaillat, un joven de Higüey, hasta las filas de las Fuerzas Armadas de Rusia, en medio de la guerra con Ucrania.
Un documento atribuido al Ministerio de Defensa ruso, fechado el 16 de agosto de 2026, señala que el dominicano, de 28 años, superó un proceso de selección y partió para prestar servicio militar bajo contrato.
Pero, según sus familiares, la historia comenzó de otra manera.
Massiel Ávila Cedeño, tía de Juan Carlos, contó que el joven les había explicado que viajaría a Rusia luego de conocer a una mujer de esa nacionalidad mientras trabajaba en Bávaro. Según su relato, la mujer habría gestionado su viaje y le conseguiría empleo.
La familia no conoció inicialmente que el viaje terminaría relacionado con el servicio militar ruso.
Una fotografía cambió lo que la familia sabía
La situación comenzó a quedar clara cuando Juan Carlos envió fotografías en las que aparecía vestido con ropa militar.
Su hermano, Óscar Fabián Ávila Espaillat, relató que al preguntarle qué hacía allí, inicialmente recibió una explicación que tomó como una broma. Posteriormente, Juan Carlos le habría revelado que estaba vinculado a las fuerzas rusas y le envió el contrato redactado en ruso.
El documento establece que había superado el proceso de selección para prestar servicio militar por contrato en las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa.
Hasta ahora, no está claro cómo estableció contacto con las autoridades o estructuras de reclutamiento rusas.
De trabajar en hoteles a una zona de guerra
Antes de viajar, Juan Carlos había trabajado en labores de seguridad, como salvavidas y en hoteles de la zona turística de Bávaro, según familiares y personas que lo conocían.
Su entorno afirma que no tenía, hasta donde ellos conocían, experiencia militar previa.
Un amigo, Martín Mercedes Castillo, dijo que había escuchado al joven hablar sobre su intención de viajar a Rusia, aunque inicialmente pensó que se trataba de una de sus bromas habituales.
Un contrato por un año
De acuerdo con la familia, Juan Carlos les comunicó que había firmado un contrato por un año y que recibiría pagos y un bono por su servicio.
También les habría explicado que no podía simplemente abandonar Rusia porque los gastos de su viaje ya habían sido cubiertos y existía un contrato que debía cumplir.
La familia asegura que su última comunicación con él ocurrió el 14 de septiembre.
Juan Carlos les habría advertido que permanecería varios meses sin comunicación y que había sido trasladado de una denominada “zona amarilla” a una “zona roja”. Sin embargo, sus familiares no pudieron precisar qué significaban esas expresiones ni a qué lugares concretos se refería.
La espera de una familia en Higüey
Mientras Juan Carlos permanece en Rusia, su familia espera noticias desde Higüey.
Su hermano describe al joven como una persona alegre, servicial y bromista. Su tía, que asegura considerarlo como un hijo, resume la principal preocupación de la familia: que pueda regresar con vida.
“Pedirle a Dios que lo traiga vivo. Es lo que queremos todos”, expresó.
La historia de Juan Carlos muestra cómo una decisión de viajar al extranjero en busca de una oportunidad terminó vinculándolo directamente con una guerra que se libra a miles de kilómetros de República Dominicana.


