Las virtudes del juez, en homenaje a Javier Delgado Barrio

Hace sesenta y seis años que Javier Delgado Barrio ingresó en la carrera judicial y, casi inmediatamente, en el que fuera su segundo destino como juez de Estepona, tomó una decisión sobre la que habría de reflexionar largamente con posterioridad: una mujer humilde quiso regalarle unos huevos para mostrarle su agradecimiento por el trato que había dispensado a su hijo, detenido la noche anterior, y ese joven juez de pueblo, sin duda con la intención de salvaguardar la apariencia de imparcialidad, declinó el ofrecimiento. Rápidamente constató que las buenas intenciones con frecuencia conducen al error y que, en aquella ocasión, él se había equivocado. Décadas después seguía relatando lo sucedido con aquella madre para que los demás escarmentáramos con su propio ejemplo.

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