El ánimo que el PSOE ha recobrado durante las últimas semanas, hasta el punto de que en Ferraz y La Moncloa están convencidos de que la victoria es posible el 29-N, se ha visto súbitamente alterado por un hecho inesperado: la dimisión del delegado del Gobierno en Madrid a tan solo cinco semanas de las elecciones generales. La renuncia de Francisco Martín Aguirre tras quedarse fuera de las listas al Congreso y al Senado ha trastocado la hoja de ruta que los socialistas habían logrado desde que Pedro Sánchez convocó el 5 de octubre el adelanto electoral. “Podía haberse esperado; ha actuado de forma irresponsable. El partido te pone y el partido te quita, pero está por encima de todos. Sus razones tendrá, pero no era el momento. Hace daño a las siglas”, critica un miembro de la dirección federal.
