La cumbre climática de la ONU en Antalya (COP31) comienza el lunes con la ambición de pasar de las palabras a los hechos y facilitar el acceso al dinero para afrontar el calentamiento a quienes más lo necesitan, en un mundo plagado de disputas geopolíticas y comerciales, y sin la presencia del Gobierno de Estados Unidos.La conferencia reunirá hasta el 20 de noviembre a representantes de casi 200 países bajo una fórmula inédita: Turquía ejercerá la presidencia formal y Australia dirigirá las negociaciones.Ambos países quieren que Antalya convierta los compromisos ya existentes en medidas concretas, pero las diferencias sobre quién paga y cómo abandonar los combustibles fósiles amenazan con limitar los resultados, que además se alcanzan por consenso."La COP31 es la COP de llevar los compromisos a la práctica", dijo recientemente el ministro turco de Medio Ambiente, Murat Kurum, presidente de la conferencia.Defendió un enfoque más práctico porque, "al igual que los efectos devastadores de la crisis climática se hacen sentir, los resultados también se deberían ver". Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por Climate High-Level Champions (@hlcchampions) La cita llega cuando los estragos de la crisis climática se agravan y las últimas proyecciones de la ONU sitúan al planeta rumbo a un calentamiento de 2.8 grados a finales de este siglo con las políticas actuales, lejos del límite de 1.5 grados del Acuerdo de París de 2015.Quién paga la transición "La financiación será el principal escollo", afirma Cosima Cassel, experta en diplomacia climática y geopolítica del centro de estudios europeo E3G.El dinero es clave porque muchos países en desarrollo condicionan la aplicación de sus planes climáticos para reducir emisiones a la llegada de financiación.Cassel advierte de que las restricciones presupuestarias de los países desarrollados, incluidos los de la Unión Europea (UE), dejan poco margen para nuevas aportaciones.En la COP29 de Bakú, en 2024, se acordó movilizar al menos 300,000 millones de dólares anuales para los países en desarrollo de aquí a 2035, dentro de un objetivo más amplio de alcanzar 1.3 billones anuales de fuentes tanto públicas como privadas.Pese a acordar ese objetivo, existen diferencias sobre quién debe aportar esos recursos, cuánto procederá de dinero público y qué parte llegará mediante préstamos e inversión privada.La forma de canalizar el dinero resulta crucial para los Estados más vulnerables, que exigen más subvenciones y créditos baratos, porque endeudarse para la reconstrucción tras un desastre climático les resta recursos para prepararse para el siguiente."Hay medidas que pueden adoptarse para reducir el coste del capital para los países en desarrollo y mejorar su acceso a la financiación", sostiene Cassel.Simplificar los trámites, ofrecer garantías y adaptar los instrumentos financieros a las necesidades de cada país son algunas de las ideas para avanzar. RELACIONADAS Cambio climático La trampa de la deuda climática para los países pobres: pagar más por contaminar menos Electrificación y resistencia de países petroleros La principal apuesta de la presidencia turca, apoyada por Australia, es elevar al 35 % la participación de la electricidad en el consumo mundial de energía para 2035, desde el actual 20 %.La propuesta conecta la reducción de emisiones con la seguridad energética, ya que las renovables disminuyen la dependencia de suministros expuestos a guerras y bloqueos como el del estrecho de
Información basada en el resumen publicado por la fuente original. Consulta el enlace de origen para más detalles.
Fuente: Portada


