Un parto de mucho pico y pala, largo como pretendía el Espanyol, lo resolvió la clase de Baena cuando ya agonizaba. El diez del Atlético se confirmó como su jugador más determinante en este inicio de curso, cinco goles y tres asistencias, cuando desde la medialuna puso una rosca lejos del alcance de Fortuño. El triunfo era necesario para seguir la estela del Barcelona y presionarle antes de su visita al Benito Villamarín.