Un hombre de negro con capucha y otro de blanco. Una estrella del rock y un Papa. Dos figuras mundialmente conocidas y, para algunos, ambas con halo sagrado, aunque por muy distintos motivos y, como todo en cuestión de fe, obviando que el ser humano es errático por definición y que, en este estropeado mundo, lo único sagrado es la muerte, que nos iguala a todos y contra la que no se puede hacer nada. Ayer, se difundieron imágenes en las que se ve al Papa León XIV con Bob Dylan en el Vaticano. Y el impacto, más por el misterioso artista que por el Sumo Pontífice, ha sido inmediato.
